BIENVENIDOS

Una marisma salvaje y abandonada.

Sobre el arenal, las ruinas de un albergue y una Ermita de peregrinos a Compostela, del S.XV.

En 1920, Ignacio Zuloaga había cumplido medio siglo y seguramente, la mayoría de sus ilusiones artísticas.

Por eso, volvió a su tierra y eligió este rincón cerca de su pueblo, frente al mar Cantábrico. 

Aquí, en la península de Santiago se estableció definitivamente.

La residencia y su Espacio Cultural, fueron el lugar de reposo familiar,

sin dejar de pintar todos los días hasta el anochecer.

De vuelta a Santiago Etxea, paseaba solo recordando su pasado artístico reconocido internacionalmente.

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